Karma vs Dharma y las experiencias de vida

El Karma no existe, ni existe el Dharma. Existen las experiencias de vida desde la consciencia y programaciones que uno adquiere en este plano. Un niño no nace siendo “agresivo” o como diría la mamá “malo”. Realiza una serie de acciones en base a los aprendizajes que ha obtenido de su entorno y desde su consciencia limitante experimenta. Aunque haga una “trastada”, no es una acción negativa, sino que explora su alrededor desde esa consciencia infantil. Suprimamos ya de una vez la palabra Karma o Dharma, ya que es otra imposición de creencia a esta dualidad y etiqueta que nos hacen aprender desde bien pequeños (lo bueno, lo malo).

Todo son experiencias realizadas por una serie de parámetros aprendidos con anterioridad como los patrones, programaciones y ego. Por tanto, todo es necesario para el desarrollo de ese ser en este planeta, en esta experiencia humana. A veces esas acciones repercuten en otros seres, ya sea porque intervienen en el mismo y puede causarles un estado emocional negativo. Realmente es el ego de cada Ser interviniente el que va a enjuiciar al ser que realizó la acción y lo tomará como algo personal sintiéndose víctima. Si en vez de eso, observáramos lo sucedido desde el amor incondicional, nos daríamos cuenta que vino a mostrarnos una parte de nosotros que debemos comprender por qué nos molestó o nos puso negativos, ya que al no mostrar indiferencia, hay algo nuestro que debemos comprender.

El ego toma diferentes personalidades para accionar a una persona, a enjuiciar o actuar de una forma negativa ante algo que para sus ojos no ve correcto. Pero, ¿quién es él para decidir qué es correcto y qué no? Cada ser viene a experimentar lo necesario para su misión de vida ya sea de forma espiritual, laboral o social.

Cada individuo en una misma situación, dramatizará para poner en escena sus expectativas, esperanzas, miedos o mitos. El suceso es distinto para ambos implicados. Son proyecciones internas que configuran nuestra “realidad”.

Podemos observar cómo se producen cambios desde fuera, en lugar de limitarnos o quedarnos atrapados en nuestros pensamientos, como si fuese la única realidad. Es a lo que se le llama, actuar desde el victimismo.

Para alcanzar prosperidad, paz y amor, es necesario ir aprendiendo desde la individualidad a darse todo, amarse a sí mism@, a sentir ese potencial que habita en uno y de esa forma podrá ser compartido a los de su alrededor. Cuando uno comprende esto, ayuda a comprender a los demás.

Esto se expande y vamos saliendo fuera con facilidad y llevando esa información a otros. No puedo mostrar algo si no lo he realizado antes, no puedo enseñar si ese aprendizaje no está integrado. Es como la persona que da un consejo pero no se lo aplica a sí mismo. Es un mensaje por tanto carente y no llega a integrarse.

 
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Laura Gallardo Hdez

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