Papás con consciencia, niños expansivos

Cuando naciste siendo semilla estelar y no desarrollaste todas tus facetas por incomprensión o falta de información de tus papás, hace que todas esas capacidades que traías se limiten o por miedos se bloqueen.

Cuando nació mi hija recién estaba descubriendo quien era yo y comprendí que para darme libertad de desarrollar todas esas capacidades limitadas, debía no solo permitirme Ser lo que soy, sino permitir a los demás Ser lo que son sin juicios ni limitaciones. Es por ello, que abiertamente comencé a hablar con mi marido de esas capacidades, ya que de una forma u otra sentía que esa niña nos había elegido para acompañarla en su proceso desde el apoyo y comprensión. Teníamos que formar un buen equipo para que todo fluyera y más adelante las acciones hablarían por sí solas.

Así comenzamos todos los integrantes de la casa una transformación y ampliación de conciencia por y para el beneficio de todos.

A mi marido no le gustaban los temas espirituales, ni nada que fuese ajeno a su cotineidad, pero sólo de escucharme hablar comenzaba a tomar conciencia de las limitaciones que habíamos adquirido por vivir en el seno de nuestras familias, y el círculo social del que estábamos rodeados. Decidimos criar a nuestra hija con conciencia y en unidad, sin que nos interfiriera las opiniones externas que lo único que hacían era dar valoraciones personales y juicios de todo cuanto hacíamos.

Era una niña muy enérgica, apenas comía y cuando enfermaba era imposible darle cualquier medicación. Si se le daba de forma obligada, vomitaba. Era como si no quisiera nada químico y tratase de no tragarlo.

Comenzó a hablar de forma tardía (3 años), pero cuando comenzó a hablar, construía frases con palabras tan técnicas que no era lenguaje que usábamos en la familia habitualmente ni sabíamos de donde podría haberlas escuchado. Fue cuando comenzó a explicarnos por ejemplo que tenía miedo de un caballito de madera que había en su habitación porque se movía por la noche.

Cuando llegó el día de su cumple con 3 años, ella se negó a apagar sus velitas de cumpleaños porque decía a la familia que ella no tenía 3 años, tenía 100 y estábamos equivocados. Tuvimos que ponerle con chocolate el número 100 para que finalmente nos explicase que ella tuvo otra mamá y otro papá en su reencarnación anterior. Nos hablaba sobre el miedo que tenía a morir porque si moría, se iría a la barriga de otra mamá y no volvería a vernos. Imaginen que pensaba mi familia cuando escuchaba a la niña hablar de esto. Me decían que dejase de hablar de temas así a la niña, cuando lo que realmente pasaba es que tenía ya esos conocimientos propios.

Todo eso fue un comienzo de lo que hoy día podemos aprender junto a ella, porque realmente es un Ser con un amor incondicional tan grande y una sabiduría e inteligencia tan amplia que a cada instante nos está sorprendiendo con alguna creación de las suyas.

Dejamos que fluya y aprenda lo que ella desee sin inculcarle estrictos horarios ni esperar que sea competitiva ante los demás. ¿Por qué digo esto último? Porque cuando comenzó en el colegio, los papás de otros alumnos explicaban los horarios y programaciones que hacían tener al niño de tan sólo 3 añitos. Después de la salida del colegio, los mantenían ocupados con numerosas actividades y luego explicaban qué hacían sus hijos, esperando que fuese el mejor.  Sentía que a los niños los educaban para ser los mejores en algo y mejores que otros. Al ver ese ambiente, decidí que la niña desarrollaría las actividades que ella eligiese y así comenzó por las tardes en casa a dibujar. Dibujar monstruos, planetas, robots articulados, aliens con diversas formas. Al ver esa creatividad y esos dibujos un día decidimos instalarle en el ordenador el juego llamado “Spore”. Probamos el juego antes de explicárselo y mostrárselo a la niña e hicimos una especie de pegaso azul. A la mañana siguiente mientras la niña desayunaba dibujó ese pegaso en una hoja de papel.

Mi marido y yo sorprendidos porque la niña no había visto nuestra creación en el juego lo dibujó, supimos que de una forma u otra sería positivo para que desarrollase su creatividad. Así comenzó a explorar planetas, crear diferentes seres con diversas características. Ponía nombres a los planetas, creaba tribus, desarrollaba habilidades… y así nos dimos cuenta que era una niña con unas capacidades distintas a los niños de su edad.

Del colegio nos llamaron en muchas ocasiones para reunirnos y hablar sobre ella. Nos decían que debíamos ser más estrictos con ella porque era una niña tan enérgica, nerviosa, que le costaba mantener la atención de lo que explicaban por más de 10 minutos. Tenía déficit de atención e hiperactividad pero según el centro escolar, podía rectificar esa actitud si en casa trabajábamos con ella para que estuviera realizando una actividad por más de 20 minutos. Comencé a meditar junto a ella por periodos de 5 minutos. Le pedía que cerrase los ojos e imaginase que estábamos en la playa tomando el sol, o en una montaña mirando árboles. Cualquier historia era buena, y ella se divertía. En cuanto a las actividades del colegio, la niña se aburría si se le obligaba a realizar una actividad donde no veía que fuera algo interesante. Sin embargo, los libros y documentales de ADN, Cuerpo humano, Animales y Universo le fascinaban y podía estar leyendo o viéndolos por largos periodos de tiempo. Tenía una capacidad increíble para retener nombres complicados. Entonces decidimos que no forzaríamos a la niña para que fuese la “mejor” en el colegio. Es más, cuando tiene exámenes le quitamos importancia a la prueba. Ella estudia y no es necesario que estudie para que aprenda como si fuese un loro, todo de memoria para sacar el 10. Ella aprende lo que desea en casa y en el colegio aprende las lecciones. Quizás no saque la máxima calificación pero lo que aprende lo hace con conciencia y va superando todas las pruebas.

Conforme iba creciendo y teniendo un vocabulario más enriquecido, fue explicándonos sueños donde iba a otros planetas a explorarlos. Lo curioso de esos sueños era que en alguna ocasión se quedaba atrapada entre dos dimensiones, viendo esta realidad y lo que experimentaba en otra. Le resultaba tan traumático e incomprensible, que aprendimos la familia a lidiar con ello, en el momento que sucedía y nos pedía ayuda, para poder hacerle regresar a esta realidad sin problema.

Hoy día tiene 7 años y en diferentes situaciones diarias, tenemos que poner todo nuestro amor y comprensión además de paciencia para aprender todos juntos. El último suceso fue cuando falleció su pez. Imaginen qué sucede cuando un animal que forma parte de nuestro día a día termina su ciclo vital. La niña no dejaba de llorar y ante un suceso así que a todos nos marcaría, se me ocurrió hacer algo que nunca había hecho con ella. Aprendí en el curso de exploración cuántica de Claudia a explorar otras dimensiones o realizar todo cuanto se me ocurriese, por tanto, no veía complicado poder visualizar al pez y hablar con él. Así hicimos las dos. Le pedí a la niña que dejase de llorar, que ella sabía que aunque el pez hubiese muerto, su alma estaba en otra dimensión y podíamos hablar con él. Le pedí que se imaginase un acuario (nuestro acuario es cuadrado) y se lo imaginó redondo, grande y ahí estaba el pez nadando tranquilamente. Le pedí que hablase con él y le preguntase si se encontraba bien y por qué nos dejó. La niña fue explicándome con ojos cerrados que el pez le explicaba que estaba bien pero era momento de marchar ya que aunque pareciese joven, él ya había experimentado muchas situaciones antes de conocernos y venir a casa. Todo esto fue tan maravilloso que me hizo a partir de ahí ver a la niña desde otra perspectiva. Si no la limito, ella no se limita y si le acompaño en su proceso, puede ir más allá, hasta que tenga la conciencia suficiente como para hacerlo sola. Ahí comprendí esa unidad. Si abrimos nuestro conocimiento al compartir sin miedos ni expectativas, desde el amor incondicional, suceden experiencias mágicas como esta.

“Repites la historia, o creas la tuya propia”

 

 

 
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Laura Gallardo Hdez

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